HISTORIAS EGIPCIAS

LA GRAN PIRAMIDE

UNA HISTORIA INTERMINABLE

 por Iker Jiménez y Francisco Contreras,

publicado en la Revista “ENIGMAS DEL HOMBRE Y DEL UNIVERSO”

Octubre 1998

INTRODUCCIÓN

A lo largo de las riberas del Nilo la cultura faraónica despierta lentamente de su letargo milenario. Metro a metro, piedra a piedra, los egiptólogos limpian el desierto buscando las claves de tan increíble cultura. A los terremotos y a los ciclos climáticos hay que sumar la acción devastadora del propio ser humano que, o bien utilizó los monumentos como cantera artificial para nuevas construcciones o se limitó a destruirlos porque atentaban contra su orgullo. Es el gran reto de la egiptología: rescatar, conservar, descifrar y dar solución a tantas preguntas pendientes de respuesta. Y cuando los trabajos de restauración se realizan, además, en el monumento más enigmático erigido sobre la superficie de nuestro planeta, la Gran Pirámide, la atención se vuelve hacia la reja que guarda su entrada, cerrada con dos candados y tras la que se adivinan herramientas y manos capaces de trabajar a pocos centímetros de la cuna de los misterios.

Tras algunos intentos individuales, fueron los sabios y científicos que acompañaron a Napoleón los que aprovecharon su estancia en Egipto para iniciar un inventario de obras de arte y de monumentos que aún hoy no ha concluido. Desde entonces, en apenas 200 años, los egiptólogos han intentado rescatar lo que el tiempo ha tardado milenios en ocultar.

Egipto al completo es una enorme zona arqueológica donde los amasijos de escombros delatan todo tipo de prospecciones. Antes que los arqueólogos, los saqueadores de todas las épocas, particulares o institucionalizadas , se hicieron con cuanto objeto de valor pudiera encontrarse en templos, pirámides y tumbas. Ni siquiera las momias de sus artesanos fueron respetadas. Pequeños trozos de hueso se mezclan ahora sobre la arena con trozos de cerámica imposibles de reconstruir, ya que han sido cientos de veces las que cientos de personas han rebuscado en los mismos sitios, ávidos de algún tipo de riqueza. La mayor parte de los habitantes del antiguo Egipto seguirán siendo tan desconocidos como anónimas quedarán sus ofrendas a unos dioses prácticamente olvidados.

Miles de años de cultura se esparcen arbitrariamente sobre kilómetros de superficie. Lo que un día fue un modelo de organización hoy sólo puede adivinarse por las ciclópeas construcciones que emergen a lo largo del Nilo. Columnas y sillares reclaman su lugar en la Historia ocupando el sitio para el que fueron concebidos. Templos que se alzan carentes de todo ornamento, siendo la única decoración que ofrecen unos relieves y unos jeroglíficos que, lejos de aportar soluciones, realzan aún más la idea que tenemos de enfrentarnos a una cultura que tuvo contacto con los propios dioses. Dioses que aparecen esculpidos con su falso atuendo de inmortalidad, reflejo de un esplendor pasado, lejanos en el tiempo pero a la vez cercanos, ya que enseñaron cosas tan nuestras como la escritura, la construcción, la medicina, la astronomía o la magia… secuelas que siguen presentes en nuestra propia civilización. Flecos de la sabiduría egipcia calaron en los griegos y de su mano comenzamos a deambular por los caminos de la ciencia. Mirar el Antiguo Egipto es contemplarnos un poco a nosotros mismos, un pasado imprescindible para entender nuestro propio futuro.

UN MUSEO AL AIRE LIBRE

La arqueología asegura que el complejo de Saquara sólo en un veinte por ciento y otras zonas siguen idéntica suerte. Es tal la cantidad de ruinas arqueológicas pendientes de rehabilitació n en Egipto, que las autoridades se enfrentan más con el problema de la conservación que con la búsqueda de nuevos hallazgos. Sólo hay que contemplar las fotos de principio de siglo para tener una idea exacta de la enorme labor desarrollada por la Organización de Monumentos Egipcios. Pocos viajeros actuales que visiten el templo deKarnac saben hace sólo unas decenas de años que su famosa sala hipóstila estuvo completamente derrumbada. Templos como el de Kom Ombo o el Rameseum eran asimismo un informe montón de piedras.

Otras inmensas construcciones, en cambio, quedaron totalmente cubiertas por la arena pudiendo hoy comprobar cómo en Esna, en Edfú o en Déndera los monumentos quedan por debajo de la línea horizontal sobre la que se asienta el pueblo que los rodea. Ello, en un principio fue una suerte, ya que son templos que se han conservado en perfectas condiciones al permanecer enterrados durante siglos. Sin embargo, surgen dudas de cuántos otros templos y edificios permanecen no sólo sepultados bajo las arenas del desierto, sino bajo las casas de pueblos que viven hoy su particular bullicio cotidiano. La actual Memphis, sin ir más lejos, se asienta exactamente sobre la antigua ciudad, capital del Imperio Antiguo. Y todas las casas del pueblo tebano de Quma cuentan en el sótano con su particular tumba del Imperio Nuevo.

La civilización de los faraones es la cultura que más restos arquitectónicos ha dejado, convirtiendo a Egipto en un enorme museo al aire libre, con todos los cuidados que ello conlleva. El desierto proporciona un ambiente hostil en el que la arena azota sin cesar cualquier construcción, deslizándose entre sus rendijas hasta cubrirla por completo. Se tienen noticias de que la propia Esfinge, en la meseta de Giza, quedó ya enterrada en tiempos de Tutmosis IV. El faraón se quedó dormido y en sueños escuchó los deseos de la Esfinge de quedar liberada de la tierra que la cubría a cambio de convertirle en rey. El joven Tutmosis aceptó tal petición y tras dejarla al descubierto reinó como faraón.

MANOS A LA OBRA

Las tropas de Napoleón a las ordenes de sus científicos, fueron las encargadas de liberar a la Gran Pirámide de la montaña de escombros que se amontonaban en sus laderas. En este caso la arena no sólo procedía del desierto sino que el monumento había sido utilizado como cantera artificial por los mamelucos que utilizaron sus bloques para construir el moderno Cairo, destruido a causa de los terremotos. La pirámide pudo ser entonces medida por primera vez en la era moderna y los resultados proporcionaron los primeros datos científicos de su increíble geometría. Desde entonces se inició en todo el país una carrera para salvar los monumentos.

En 200 años se han sacado a la luz ciudades completas. A la acción del tiempo y del deterioro natural se han sumado otras cuestiones que han puesto en peligro los monumentos como la construcción de la nueva presa de Aswán, que con su espectacular trazado elevó el nivel de las aguas hasta cotas que sumergirían gran número de edificios. El gobierno egipcio tuvo que afrontar la empresa “faraónica” de transportar templos completos a lugares que se encontraran a salvo de tal catástrofe. Los templos deRamsés II y de Nefertari en Abu Simbel, o el templo de Isis de la isla de Philae fueron trasladados piedra a piedra. El templo de Debod, situado ahora en el Parque del Oeste de Madrid, también procede de la antigua Nubia y fue rescatado de su inundación inminente.

La conservación de monumentos en Egipto está hoy en su apogeo. En los últimos cinco años he sido testigo de toda una serie de trabajos encaminados a dotar a las zonas arqueológicas de una infraestructura contra el deterioro que el tiempo impone. Toda la base sobre la que se sustentaba la segunda sala hipóstila del templo de Luxor se ha cambiado. Sólo hace un año que se ha abierto la pirámide roja de Dashur, la pirámide de Hetepheres en Giza o el templo de Sahure en Abusyr.

El Valle de los Reyes cuenta con un nuevo acceso y nuevos servicios. Se han restaurado tumbas como la de Nefertari en el Valle de las Reinas. Y siguen los trabajos en prácticamente todas las zonas arqueológicas de Egipto. Hace un par de meses se concluyeron las obras de rehabilitació n de la gran Esfinge de Giza, tras varios años de trabajo. Y se han abierto nuevos museos como el Museo Nubio de Aswán.

Por lo tanto, dentro de ese proyecto general de salvar los monumentos de Egipto, no debería extrañarnos el que ahora le toque su turno a la Gran Pirámide. Sin embargo, no es así, ya que ha despertado la atención y las sospechas de muchos.

LA ATENCIÓN PUESTA EN LA GRAN PIRÁMIDE

El día 1 de abril de este año se cerró la pirámide al público. El Dr Zahi Hawass, director de la meseta de Giza, comunicaba en rueda de prensa el propósito de las autoridades arqueológicas egipcias de acometer las obras necesarias para dotar al monumento de una infraestructura capaz de soportar el paso del tiempo y, sobre todo, de los millones de turistas que la visitan. Con ello se culminaría un proyecto global de rehabilitació n de la meseta. Tras los trabajos realizados en el interior de las pirámides de Micerinos y deKefrén, que estuvieron cerradas durante casi un año, ahora se empezaría con la Gran Pirámide, en trabajos que se prolongarían durante ocho meses.

Tal noticia fue acogida con alarma en todo el mundo por algunos seudo-especialistas y no faltaron las portadas en publicaciones sensacionalistas que presuponían tal acción como tapadera de asuntos más complejos. Evidentemente la Gran Pirámide merece una atención especial. Particularmente expreso mi creencia de que el monumento es anterior a la propia cultura egipcia y que su interior aún guarda cámaras y secretos insospechados. El cierre durante tantos meses podría alentar las sospechas de trabajos encubiertos a la luz pública. Sería una ocasión única para sondear todas las teorías y documentación propuestas sobre corredores y cámaras aún sin descubrir. Y más aún cuando estamos en la época en que se profetizaron grandes descubrimientos en la meseta de Giza.

LAS PROFECÍAS DE EDGAR CAYCE

Edgar Cayce nació cerca de Hopkinsville (Kentucky, EEUU) en 1877. Siendo aún joven ya era capaz, por voluntad propia, de entrar en un estado hipnótico semejante al sueño, método que empleó para diagnosticar enfermedades y recetar remedios a los que lo solicitaban. Cayce no recordaba nunca nada de lo que decía en sus trances y su obra fue recopilada tomando al dictado sus visiones. Su libro Misterios de la Atlántida recoge cerca de 700 “lecturas parapsicológicas” que fueron recogidas a lo largo de veintiún años. Tal relato empieza por la llegada de la Humanidad a la Tierra hace unos diez millones de años y termina con el hundimiento de la Atlántida hacia el año 10.000 a. de C.

Los relatos sobre la Atlántida y Egipto aparecen entretejidos en las lecturas de Cayce. Habló repetidamente de Egipto como de uno de los destinos principales de los atlantes en su huida. En los textos aparecen diversas alusiones e indicaciones de que Egipto había sido un lugar de depósito de registros históricos de la Atlántida. También hablan repetidas veces de tumbas y pirámides “que todavía no se han descubierto” en la nación africana. Lo extraordinario de Cayce es haber acertado con datos que sólo recientemente se han sabido.

Cayce remonta la cultura egipcia hasta darle una antigüedad de 12.500 años, situándola hacia el 10.500 a. de C., la misma fecha que Robert Bauval y Adrian Gilbert (El Misterio de 0rión; El Guardián del Génesis) calculan como fecha de erección de las pirámides de Giza. Exactamente la misma que la calculada por el egiptólogo John Anthony West, por el profesor de Geología de la Universidad de Boston, Dr Robert Schoch, y por el Jefe de Sismografía de Houston, Thomas Dobecki, según los análisis efectuados en la Esfinge. Las lecturas de Edgar Cayce sitúan puntualmente los lugares donde los atlantes colocaron su particular conocimiento:

“…Hubo indicios y profecías de que la Atlántida se iba a disgregar, y Egipto fue elegido como uno de los lugares donde se debían depositar los registros de aquella actividad… Para los atlantes, una preocupación de primer orden en su emigración a Egipto fue la conservación de los registros históricos y su depósito seguro tanto en la llanura de Gizeh como en otros lugares…la Entidad era uno de aquellos que fueron enterrados en la tumba, en una de aquellas que todavía no se han descubierto; pero está frente a la Esfínge, y es el más próximo de los enterramientos en aquel montículo… Pues las pirámides posteriores, las que no se han descubierto todavía están entre la Esfinge (o el Misterio) y el Nilo… la Entidad era uno de aquellos que participaron en la construcción de algunos de aquellos edificios que todavía existen y en la preparación de la que todavía no se ha descubierto. ..”

En otras lecturas se habla más concretamente de cámaras, pirámides y túneles subterráneos bajo las patas de la Esfinge, y frente a ella.

“Estos hallazgos se pueden encontrar en la base del antebrazo o pata izquierda de la bestia tumbada; en la base de los cimientos. No en el canal subterráneo (que fue abierto por el monarca muchos años, siglos, después), sino en la verdadera base. Existe una cámara o pasadizo desde la pata delantera derecha hasta esta entrada de la cámara de los registros…”.

No sólo la Esfinge, sino que también la Gran Pirámide es mencionada por Edgar Cayce

” .. . ¿Qué función cumplió la Entidad en relación con la construcción de la Esfínge? Cuando los monumentos se estaban construyendo en la llanura de lo que ahora se llama la Pirámide de Gizeh, esta Entidad construyó y preparó los cimientos; es decir, los dirigió, calculó su situación geométrica en relación con los edificios que se erigieron comunicados con la Esfinge. Y los datos relacionados con ellos pueden encontrarse en las cámaras de la base de la Esfinge…”.

Entre los años 1957 y 1988 la Association for for Research and Enlightenment, Inc. -ARE- (Asociación para la Investigación y la Iluminación), patrocinó diversos proyectos encaminados a la comprobación real de las salas ocultas propuestas por Cayce, contando para tal fin con organismos tan reconocidos como la Universidad de Ain Shams del Cairo o el Instituto de Investigaciones de Stanford, SRI. Las prospecciones y sondeos han dado como resultado la localización de vacíos en el terreno, en los mismos lugares referidos por el vidente.

DENTRO DE LA GRAN PIRÁMIDE

“Está sordo, está sordo!” – le decía al inspector de la meseta de Giza mientras perseguíamos a Francisco Contreras por el Canal Ascendente de la Gran Pirámide gritando que tal acceso estaba prohibido. Efectivamente, el permiso conseguido sólo nos autorizaba a visitar el pasaje de Al Mamún, la primera parte del recorrido por el interior del monumento. Cuando conseguimos atraparle en la Gran Galería, intenté que el arqueólogo se tranquilizase sumándome a su enfado y a sus recriminaciones mientras que Iker Jiménez, casi de puntillas, penetraba a través de la Cámara de los Rastrillos hasta la Cámara del Rey.

Nueva persecución, nuevos gritos, nuevos guiños de complicidad y nuevas explicaciones “¡Es que no saben inglés y no se enteran!”- El inspector nos empujaba hacia abajo, hacia la salida, controlando cada paso de Iker y de Fran y fue cuando me metí por el Canal Horizontal hasta la Cámara de la Reina. Cuándo salí encontré al vigilante lívido -“pero bueno, ¿por dónde está la salida? Porque por ahí no es”-. Su dedo indicó el Canal Descendente mientras que en su rostro se adivinaba su impresión de que yo era un idiota y no sabía encontrar el camino de salida.

Siete minutos, sólo siete minutos, estuvimos en el interior de la Gran Pirámide. Cuando salimos al exterior ya habíamos cambiado los carretes de la cámara por temor a que fuesen requisados por la policía. La frase No photo, please, it’s forbidden había sido repetida más de cien veces por el inspector, aunque entre los tres disparamos más de cien veces nuestras cámaras. Pero el grupo que nos acompañaba y esperaba frente a la pirámide, al tanto de nuestro propósito, había entretenido a unos policías más interesados en la calidez humana que en la frialdad del monumento. Y sin mostrar la alegría que sentíamos, descendimos la meseta de Giza dejando atrás la pirámide con sus enigmas, los policías con sus sonrisas y un aturdido inspector de arqueología que, seguro, pensaba que estábamos locos.

¿QUÉ ESTÁN HACIENDO DENTRO?

Justo detrás de la verja que guarda su entrada, Iker y yo nos miramos cuando descubrimos un martillo neumático, marca Hilti, junto a sacos que contenían escombros de recientes perforaciones. En ese momento las evidencias indicaban que el simple lavado de cara del interior de la Gran Pirámide propuesto por Hawass podría convertirse en algo más.

El suelo estaba también salpicado por gran número de bolas de algodón cuyo empleo ya había visto en otras zonas arqueológicas. Como ocurre asimismo en España y en otros países, ciertos visitantes colocan su nombre con rotulador en las paredes de los monumentos y en árabe o en castellano la gamberrada sigue siendo la misma. Los algodones, untados de un producto llamado Magic Cleaner (solución de sal natural), son empleados para eliminar la tinta de la piedra.

Los algodones de la pirámide eran lógicos, pero, ¿la taladradora. .. y los sacos de cemento….?

Más familiarizado con el interior de la Gran Pirámide que mis compañeros de aventura, fui recorriendo los lugares donde, a lo largo de los últimos años se han situado los accesos a las posibles cámaras ocultas. Si los egipcios estaban aprovechando el momento para buscar esas posibles estancias ¿cuál o cuáles de tantas teorías estaban siguiendo?

Los informes de Jean Kerysel, sobre una sala junto a la Cámara del caos y un pasaje bajo el Canal Ascendente, no tuvieron eco en los arqueólogos egipcios pues tales cavidades, descubiertas por técnicas gravimétricas, no estaban siendo inspeccionadas.

Las teorías de los arquitectos franceses Guilles Dorrnion y Jean Patrice Goidin tampoco, ya que la Gran Galería paralela que descubrieron y su cámara situada a la derecha de la Cámara de la Reina tampoco está siendo inspeccionada. Los documentos aportados por los científicos de la Universidad de Waseda, sobre un canal aledaño al pasaje horizontal y otras estancias junto a la Cámara del Rey, tampoco han merecido el interés de los arqueólogos ya que sus accesos permanecen cerrados sin la más mínima prueba de su búsqueda.

Se ha prescindido de los nuevos robots ofrecidos por el ingeniero Rudolf Gantenbrink para investigar lo que pudiera existir tras la “puerta” encontrada al fondo del canal de ventilación. Ni que decir tiene que las cámaras propuestas por mí mismo no han merecido mayor crédito que las mencionadas por los investigadores anteriores y la cámara mortuoria de Keops, que sitúo tras los tapones de granito; y la Cámara del Orden, que presumo por encima de las Cámaras de Descarga seguirán estando allí intactas algunos milenios más.

LA OPORTUNIDAD PERDIDA

Todo en el interior de la Gran Pirámide obedece a un típico plan de restauración, avalado por la conversación que mantuve con el Dr. Hawass, Director de la meseta de Giza. Le informé sobre nuestra visita dentro de la Gran Pirámide y le solicité datos sobre lo que habíamos visto. En primer lugar, me comentó que los canales de ventilación de la Cámara del Rey estaban siendo limpiados de la sal que cubría sus paredes. Los extractores han sido también cambiados por otros más potentes. Los sacos de cemento expansivo se utilizarían para rellenar las fallas del edificio, producto de los terremotos, grietas que se sitúan en el Canal Descendente, en el techo de la Gran Galería y en la Cámara del Rey.

La perforadora está siendo utilizada para agrandar el túnel de Al-Mamún y favorecer el tránsito de turistas. También para cambiar por nuevos algunos bloques de los pasamanos de la Gran Galería bastante deteriorados. Se va a dotar a todo el monumento de una nueva instalación eléctrica y cámaras de televisión conectadas a monitores, así como de ventilación a la Cámara de la Reina y a la Cámara del Caos.

También se está procediendo a una limpieza a fondo del pozo que une la Gran Galería con el canal descendente, y en las Cámaras de Descarga se están retirando todos los excrementos de murciélago acumulados durante los últimos decenios, responsables del mal olor en el edificio. Es decir, un trabajo arqueológicamente correcto que será concluido e inaugurado el 1 de enero de 1999. La Gran Pirámide se vestirá interiormente con un traje nuevo para recibir al próximo milenio engalanada con los mismos misterios de siempre, con las mismas preguntas sin respuesta, guardando en sus entrañas sus más profundos secretos.

Nuestra visita al interior del monumento no corrobora las sospechas de que están haciendo prospecciones aprovechando la intimidad de las obras de restauración, sino que constatamos justo todo lo contrario, que no están haciendo nada encaminado a nuevos descubrimientos. Por lo visto la arqueología, carente nuevamente de imaginación, se muestra capacitada para dictaminar que lo propuesto por numerosos especialistas que han aplicado métodos científicos de prospección no destructiva, como el empleo de lamicrogravimetrí a y las ondas electromagnéticas, no tiene valor alguno.

Aunque es posible que ello sólo sea producto del miedo, del terror que pueda producirles el desestabilizar sus dogmas y la obligación que tendrían de volver a escribir la Historia. La Historia mal entendida de un monumento mal clasificado.

¡LOS BLOQUES DE PIEDRA DE LAS PIRÁMIDES EGIPCIAS SON ARTIFICIALES!

Las explicaciones ortodoxas sobre la construcción de las pirámides egipcias, especialmente la atribuida al faraón Keops, no tienen actualmente ninguna consistencia. Estudios e investigaciones posteriores, silenciados por los arqueólogos más conservadores y tradicionales, llegan además a conclusiones realmente sorprendentes: los antiguos egipcios conocían una técnica que les permitía “fabricar” piedras artificiales. Piedras que hoy podemos ver milimétricamente integradas entre sí en las grandes construcciones faraónicas.

Para muchos el asunto no ofrece la menor duda: el faraón Keops reinó durante 23 años, veinte de los cuales los dedicó a la construcción del mayor monumento que el hombre jamás haya erigido.

Tal idea proviene de lo narrado en Los Nueve Libros de la Historia escritos por Herodoto:

” … En cuanto a la pirámide, se gastaron en la construcción veinte años…”.

Veinte años para que, hace 7 000, aquellos obreros de la Era del Cobre elevaran, con precisión asombrosa, cerca de dos millones seiscientos mil bloques de piedra que, por término medio, pesa cada uno 2 toneladas. Es decir, que cada año se debieron colocar 130.000, lo que suponen 360 al día. Si hacemos un cálculo aproximado para la jornada laboral de los obreros de la época de 12 horas, el resultado es que durante 20 años, sin conocer el hierro y la rueda, el arquitecto de la Gran Pirámide organizó un equipo de trabajo capaz de seleccionar la piedra en la cantera, cortar el bloque, transportarlo varios kilómetros, cruzar el Nilo, izarlo a cientos de metros y colocarlo milimétricamente, todo ello en el tiempo récord de ¡120 segundos! por bloque. Es decir, que según las explicaciones ortodoxas, aquellos artesanos, tan cercanos al Paleolítico, encajaron durante veinte años un bloque cada dos minutos. Ni más ni menos.

El ingeniero Jomard, de la expedición francesa de Bonaparte, en datos corroborados posteriormente por el arqueólogo Lauer, calculó que durante los últimos 1.500 años de la historia clásica egipcia, correspondientes al Imperio Nuevo, dinastías posteriores y periodo ptolemaico, se usaron 4.000.000 de metros cúbicos de piedra. Tal cantidad de roca, que constituye la colección de monumentos más impresionante de la antigüedad, parece minúscula al compararse con las obras realizadas en el Imperio Antiguo. Sólo la Gran Pirámide tiene 2.000.000 de metros cúbicos de piedra, cantidad similar a su vecina pirámide de Kefren. Es decir, se nos quiere hacer creer que en 20 años los obreros de Keops edificaron la mitad de lo que hicieron posteriormente sus colegas durante 1.500 años.

Al problema del peso y del volumen hay que añadir el enigma que suponen las máquinas empleadas en el transporte y en la subida de los bloques desde la cantera hasta su emplazamiento. En este caso las palabras de Herodoto no son tenidas en cuenta ya que afirma que se utilizaron mecanismos, así como hierro, en la construcción. Los arqueólogos, que tanto se basan en sus palabras para datar la Gran Pirámide, hacen caso omiso de estas otras. Y no les falta razón ya que no se han encontrado vestigios de tales máquinas. Tampoco en papiros, estelas o murales se han encontrado los jeroglíficos que expliquen cómo eran transportadas e izadas las grandes masas pétreas.

En un relieve de EI-Bershe, de la Dinastía XII, se ve cómo un grupo de 172 personas arrastran la estatua de Djejutijotep, de 60 toneladas, que descansa sobre un trineo. Esto, unido al descubrimiento de varias rampas que unen el Nilo con la base de algunas pirámides, da pie a la arqueología a la única hipótesis que acepta: la fuerza muscular. Y aunque tal planteamiento pudiera ser válido para bloques de 2 ó 6 toneladas no es posible imaginar a 30.000 hombres tirando a la vez de uno de los muchos bloques que existen en Egipto de 1.000 toneladas o másNi mucho menos izándolo por pendientes del 30 por ciento.

Se han barajado innumerables hipótesis. Naves extraterrestres, poder mental, teleportación, infrasonidos y otras aún más pintorescas que intentan explicar cómo hicieron en el Antiguo Egipto para transportar los monolitos. Pero hay una de ellas que, aunque parezca fruto de la fantasía, ve avalada su credibilidad por constataciones y estudios recientes. Para asombro del hombre moderno y de su tecnología los antiguos egipcios conocían técnicas ¡ para ablandar la piedra! Existen suficientes elementos de juicio como para pensar que los constructores del Imperio Antiguo no fueron canteros, sino alquimistas.

En 1988 se editó en Estado Unidos el libro titulado The Pyramids, An Enigma Solved . En él se recogían investigaciones de un científico nada sospechoso de elucubraciones. Eldoctor Joseph Davidovits, fundador del Instituto Geopolimérico de París, profesor de la Universidad de Toronto y director del Instituto de Ciencias Arqueológicas Aplicadas de la Universidad de Barry en Florida, junto a la doctora Margie Morris, de la Universidad de Minnesota, pusieron de manifiesto lo que revelaban los análisis químicos y microscópicos efectuados en rocas de la meseta de Gizéh.

Junto a los detallados informes publicaron varias fotografías en las que puede apreciarse la presencia de pelos, uñas, fibras textiles y burbujas de aire en la estructura de las rocas calizas de la Gran Pirámide.

Estos hallazgos sembraron el desconcierto en los círculos académicos que, por supuesto, intentaron relegarlos al ostracismo. En España tuvimos la ocasión de asistir hace algún tiempo a un debate en La Clave, donde José Luis Balbín tuvo el acierto de invitar a representantes de ambas tendencias. Peter Tompkins propuso al entonces director de excavaciones de la meseta de Gizéh, Dr. Hawass, un experimento público para demostrar o desechar de una vez por todas lo mantenido por Davidovits, quien se consideraba capaz de fabricar piedras similares a las de la Gran Pirámide. La respuesta de Hawass no fue muy brillante

“si ya se conocen las canteras de Tura y de Mokhatam… ¿para qué investigar otros asuntos?”.

Lo cierto es que este arqueólogo jamás podría explicar con sus teorías qué hace un pelo de 21 centímetros en el interior de una roca caliza de hace 50 millones de años, proveniente de la edad geológica del Eoceno, allá por el segundo período de la época Terciaria.

Egipto no sólo ha proporcionado grandes misterios, sino que, junto a ellos, aporta soluciones que veces resultan aún más enigmáticas. La pista para la teoría de Davidovits está en una estela conmemorativa en la isla de Sehel, cerca de Assuan. Fue descubierta en 1889 por el egiptólogo Charles Wilbour y terminada de descifrar por el arqueólogo francés Barquet en 1935.

La estela de Famine, como se denomina, consta de 2.600 jeroglíficos dispuestos en 32 columnas. Aunque se supone que fue esculpida en tiempos ptolemaicos ( 300 a.C) se entiende que debe ser copia de documentos más antiguos ya que se refiere a asuntos relacionados con personajes de la III Dinastía. La estela trata varios aspectos distintos, como son:

– Descripción de la Famine,

– Visita a la Biblioteca de Hermópolis,

– Las Revelaciones de Imhotep,

– El sueño del Faraón Zoser y

– Un Decreto Real.

Entre las columnas situadas entre la 6 y la 22 se habla sobre métodos constructivos. De la columna 11 a la 18 Imhotep enumera las rocas y minerales de la región de Elefantina. Y las columnas 18 a 20 describen el sueño del faraón Zoser, en el que el dios Khnum da al rey una lista de minerales y productos químicos para fabricar bloques aglomerados con los que construir templos.

Si este conocimiento es cierto, es posible que faraones posteriores también estuvieran enterados de estas “revelaciones” y las aplicaran a sus propias construcciones.

Algo con lo que siempre se ha especulado ha sido el rodillo. En múltiples recreaciones artísticas se han dibujado los grandes monolitos sobre rodillos y tirados por innumerables hombres. Pero la madera siempre escaseó en Egipto y la que había era de baja resistencia al peso y a la tracción, sin contar con que se necesitan, además de los rodillos, carreteras adecuadas al transporte que aún no se han encontrado. Y aún admitiendo la teoría de los rodillos, hubieran hecho falta millones de ellos.

La llamada Piedra de Palermo indica que Snefru, padre de Keops, asignó una flota de barcos para traer cedros, cipreses y coníferas del Líbano. Snefru fue el mayor constructor de la IV Dinastía. Se le atribuyen tres pirámides, dos en Dashur (que contienen 4.000.000 de metros cúbicos de piedra) y otra en Meidum. El total de sus construcciones asciende a 9.000.000 de toneladas de piedra, utilizadas en sus 24 años de reinado. La madera importada del Líbano no pudo, pues, servir para rodillos, ni por su cantidad ni tampoco por su dureza. Aunque sí pudo servir para fabricar… MOLDES. Herodoto así parece confirmarlo:

” … La pirámide fue edificándose de modo que en ella quedasen unas gradas o apoyos que algunos llaman escalas y otros altares. Hecha así desde el principio la parte inferior, iban levantándose y subiendo las piedras con cierta máquina formada de maderos cortos que, alzándolas desde el suelo, las ponía en el primer orden de gradas, desde el que con otra máquina que en él tenían prevenida las subían al segundo orden, donde las cargaban sobre otra máquina semejante, prosiguiendo así en subirlas, pues parece que cuantos eran los órdenes de gradas tantas eran en número las máquinas, o quizás no siendo más que una fácilmente transportable, la irían mudando de grada en grada cada vez que la descargasen de la piedra; qué bueno es dar de todo diversas explicaciones. .. “.

La palabra utilizada por Herodoto y que se tradujo por “máquina” es la palabra griega “mechane“. En griego es un término general que indica cosas inventadas, fabricadas. En definitiva, cualquier tipo de artilugio realizado con un propósito y que, por tanto, no debe únicamente traducirse por la acepción moderna de “máquina”. Siguiendo con este planteamiento, sustitúyase la palabra “máquina” por la palabra “molde” y lean ustedes la trascripción anterior de Herodoto. La cosa concuerda en extremo ya que no quedaron evidencias de ningún otro tipo de “máquinas”.

Anterior a la publicación de Davidovits ya se especuló con la posibilidad de las piedras prefabricadas del Antiguo Egipto. En el Segundo Congreso de Egiptología celebrado en 1979 en Grenoble (Francia) el Dr. Klemm, experto en petrografía, avanzó los resultados de sus análisis sobre piedras de la Gran Pirámide. De las 20 muestras estudiadas no encontró dos que tuvieran la misma consistencia homogénea. Parecía que cada una procediera de un lugar distinto, con la particularidad de que dicha consistencia era diferente en zonas de la misma piedra, con mayor densidad en la parte superior que en la inferior. También constató que las rocas de la pirámide contenían un porcentaje de humedad superior al que presenta la piedra natural. Su conclusión fue evidente: los bloques no eran naturales, sino artificiales.

Ello explicaría, por otra parte, lo que ocurrió en la pirámide de Kefrén en Septiembre de 1968. El doctor Luis Alvarez, premio Nobel de Física, había ideado un proceso para registrar el paso de rayos cósmicos a través de la pirámide, por medio de la cual esperaba descubrir cámaras ocultas. Intervinieron en el evento doce organismos oficiales de Estados Unidos y de Egipto. Los científicos, con su cuartel general instalado en la cámara central del monumento, quisieron saber el número de rayos cósmicos que atravesaban los muros, instalando una cámara de chispas que delataría los rayos que llegaran con mayor frecuencia, lo que indicaría que habían encontrado a su paso los huecos de las hipotéticas cámaras. Sería como hacer una radiografía a la pirámide. Pero lo cierto es que tras numerosos intentos y una enorme cantidad de dinero tuvieron que desistir.

Aparecieron, efectivamente, muchas supuestas cámaras desconocidas, pero las informaciones de su presunta ubicación variaban de un día para otro, de una hora a otra. La pirámide pareciera haberse vuelto loca. Según sus protagonistas, “esto desafía a todas las leyes conocidas de la Física”. Lo que el doctor Álvarez no podía imaginar era que las diferentes mediciones obtenidas se debían a los millones de litros de agua incluidos en las rocas prefabricadas de la pirámide.

Investigaciones personales en la pirámide de Kefrén me han permitido suponer que al menos las dos primeras hiladas, claramente visibles en la cara oeste, son fruto de la tecnología del “prefabricado”. La falta de junturas en los bloques de estos dos pisos fue zanjada hace tiempo por los especialistas explicando que no era una edificación propiamente dicha, sino que se aprovechó un montículo de piedra para labrar las primeras filas.

Sin embargo, como podemos ver en las fotografías, son claramente visibles los restos del armazón, tanto vertical como horizontal, que sostuvo el “hormigón” hasta que fraguara. Como toda la base no se pudo hacer de una vez, los obreros la fueron elaborando en partes. Las juntas de cada trabajo son perfectamente visibles e, incluso, a veces, parecen superponerse las maderas que lo separaban. Desde un promontorio que domina la meseta de Gizéh he descubierto un lugar que los miembros de mi equipo denominan “la Guarderia“.

Allí, de forma simpática, nos imaginamos a los hijos de los artesanos jugando con una “plastilina” especial, similar a la usada por sus padres en tareas de mayor envergadura. Hemos descubierto más de treinta muestras de reblandecimiento en pequeñas rocas, algunas de ellas reproducidas en fotografías. Parecen ser fruto del entretenimiento. Piedras redondas o aplanadas por las manos que guardan ciertas incisiones realizadas cuando la piedra estuvo blanda. No pueden ser cantos rodados pues su superficie no es plana y se aprecia la rugosidad que quedó tras su elaboración.

En las piedras que están rotas parece que la superficie es distinta al interior, fruto de la falta de humedad en el manipulado, que hace que el ceramista en arcilla tenga que mojarse las manos constantemente. Las incisiones nunca pudieron realizarse por percusión. En el caso de la piedra aplastada que se puede ver en la fotografía inferior a estas líneas se ve el rastro dejado por un objeto circular que, medido con precisión, ha demostrado ser el mismo que dejó su impronta en ambas caras de la pieza. Precisamente en uno de los planos de esta piedra a nuestro anónimo artesano no le bastó con una muesca, sino que hizo dos, perfectamente visibles y ligeramente superpuestas.

Los geólogos a los que hemos consultado y enseñado las piedras no salen de su asombro y, por supuesto, eliminan cualquier posibilidad de diagnóstico por escrito. Las piedras parecen tener una edad de varios cientos de millones de años. Por consiguiente, durante su formación no pudo haber humano que infiriera las marcas que poseen, y aceptar el reblandecimiento, el pasar del estado sólido al liquido y viceversa, sin alterar las presiones o temperaturas, es el reto de la Ciencia. Aunque aquellos egipcios, o quienes fueran, parece que lo consiguieron.

Si los sacerdotes de las grandes civilizaciones asiáticas, africanas y americanas coincidieron en la adoración solar, en la estructura piramidal, en las percepciones psíquicas o en el concepto del más allá, es posible que también coincidieran, o tuvieran los mismos maestros, en las técnicas referentes al reblandecimiento de la piedra. Recientes estudios de Alex Chionetti en Marcahuasi ampliando los estudios de Ruzzo, o las actuales investigaciones de Javier Sierra en Perú y en particular en el laberinto de túneles que cruzan su territorio proponen la desestabilizadora hipótesis de que en el pasado la piedra era dominada hasta puntos insospechados que hoy tan solo llegamos a vislumbrar.

La tecnología egipcia guarda muchas sorpresas. Los miles – o decenas de miles – de años de historia hicieron que sobre un mismo territorio se superpusieran técnicas distintas todas ellas lejanas a nuestros elementales conceptos. Las canteras de Assuán son un fiel ejemplo. Allí se empleó la más alta tecnología en perforación, corte y pulimento del granito rojo. Allí existen orificios ejecutados por brocas increíbles que atacaban la roca con una potencia sesenta veces superior a la actual. Allí se ven restos de sierras que cortaban el granito como si fuera cartón. Allí se encuentran restos de prospecciones inimaginables para la época del cobre o del bronce, pues los resultados son comparables con los de nuestra moderna tecnología y, por supuesto, también allí encontramos el ejemplo más contundente del tema que nos ocupa: el reblandecimiento.

En la tumba de Rekhmire existe un fresco sobre una aparente escena cotidiana del Antiguo Egipto – varios obreros llevan en sacos un producto que arrojan en moldes y que, posteriormente, fragua haciendo ladrillos o bloques – Esta técnica, defendida por Davidovits, explicaría la construcción de, por ejemplo, la Gran Pirámide. Resulta fácil transportar arenas y otros compuestos, subirse en pequeños sacos y arriba hacer moldes del tamaño que se quiera, sin necesidad de una maquinaria pesada. Pero el caso de Assuan es ligeramente distinto. Allí no se ha prefabricado nada pues la cantera original de granito rojo ya estaba. Sin embargo, utilizando unos métodos que nos son desconocidos, conseguían ablandar el duro granito hasta la consistencia de la mantequilla, para posteriormente manipularlo.

Es el famoso Obelisco inacabado, la admiración de todo turista que se precie. A mí me llamó la atención hace dos años cuando veíamos en Madrid las imágenes grabadas de Assuán. En un principio, y por el poco material visual que poseía, me dio la impresión de que lo que observaba era fruto de algún tipo de rebote de la luz solar. En Noviembre de 1993 hice un viaje a Assuán exclusivamente para comprobarlo. El área se cierra a las cinco de la tarde, cuando aún el Sol está muy alto. Tras las consiguientes propinas pude esperar a que el Sol bajara al horizonte. En ese momento los rayos incidían de escorzo, resaltando todos los detalles de la superficie del obelisco. Es la foto que pueden observar junto a estas líneas.

Los 47 metros de longitud que mide la pieza están obtenidos de la cantera madre, no por una técnica de percusión. Lo más parecido que he visto a esta técnica es cuando he jugado con una cucharilla en un flan. Lo que vi en ese momento no era el trabajo de un pico o un martillo, era la labor realizada por una pala ¡en granito!

Junto al obelisco existen otras pruebas de ablandamiento no menos interesantes. En la fotografía de la izquierda pueden observar a un miembro de mi equipo introducido en un agujero, por supuesto artificial, que no tiene aparente significado. Las paredes, estando lisas, no son verticales. Se ha ido rebanando su interior hasta llegar a ningún sitio, idóneo para demostrar una técnica aunque insuficiente para indicar un propósito. Hay varios agujeros como éste de diferentes proporciones iguales de enigmáticos. Era ya casi de noche.

Las sombras avanzaban ocultando el obelisco. El guía parecía no comprender mi insistencia. Para él la solución era fácil: el obelisco fue abandonado porque una grieta apareció haciéndolo inservible. Pero la cuestión era otra. Si era blando, era imposible moverlo en tal estado. Si se endureció ¿qué grúa era capaz de levantarlo? Posiblemente nunca se pensó en que fuera un obelisco, sino que fue, simplemente, una broma; la broma más pesada que conozco: de 1200 toneladas.

GINECOLOGÍA AVANZADA EN EL ANTIGUO EGIPTO

En el muro del complejo de Luxor el viajero observador tropezará con un detalle que la mayoría le pasa desapercibido y que, sin embargo, sugiere conocimientos sorprendentes: en varias escenas concatenadas se representa con todo detalle el proceso de extracción de semen del miembro fálico del dios Min. A lo largo de la pared, aparecen varios personajes que, provistos de unos curiosos recipientes, recogen el líquido seminal en el que destacan a gran tamaño varios espermatozoides. Aunque resulte incomprensible, su ubicación y forma no permiten darles otro nombre.

Puesto que la apariencia de los espermatozoides no ha sido conocida hasta que el neozelandés Jansen inventara el microscopio compuesto en 1590, resultaría inevitable admitir que los antiguos egipcios dispusieron de instrumentos ópticos sumamente eficaces, lo que ni la Arqueología ni la Historia les concede.
Los interrogantes se acumulan, complementándose con otros no menos curiosos hallazgos. En el templo dedicado a la reina Hatseput, enclavado en el corazón del Valle de las Reinas, el arqueólogo oficial Nabil Habkkar compartía con nosotros su último y desestabilizador descubrimiento: en una pared con policromía original de hace 3.000 años había descubierto lo que para él era indudablemente un “test de embarazo”.

Tal y como nos iba relatando, en un recipiente ovalado aparecen varios elementos relacionados con la famosa “prueba de la rana”. Férreo seguidor de las corrientes más oficiales y conservadoras, Nabil Habkkar no tenía dudas, pese a todo, de que en aquella época se sabía lo necesario sobre hormonas femeninas y masculinas, los mecanismos íntimos de la procreación y el método para un diagnóstico precoz del embarazo.

TRES CLASES HAY DE IGNORANCIA:

 NO SABER LO QUE DEBIERA SABERSE,

SABER MAL LO QUE SE SABE,

Y SABER LO QUE NO DEBIERA DE SABERSE.

Cuento Anónimo

El dios-Sol Ra  tiene muchos nombres, pero sólo uno es secreto: el que le da gran parte de su poder.

Isis se preguntaba cómo podría obligar al dios del Sol a revelar su nombre más secreto. Decidió esperar a que se le presentara una buena ocasión, y se puso a vigilarlo atentamente.

Cuando Ra se quedó dormido, Isis aprovechó para recoger la saliva del dios y la mezcló con un poco de tierra, con la que dio forma a una peligrosa serpiente con la intención de que mordiese al dios.

Isis colocó al animal en el camino por el que Ra iba a pasar, de modo que la serpiente lo atacó. Ra lanzó un terrible grito de dolor y el veneno de la serpiente empezó a invadir su ser, sin poder combatirlo y sin saber de dónde provenía. Los demás dioses, apenados, observaban cómo sufría.

Entonces la diosa hechicera, Isis, se acercó y le dijo: “Dime tu nombre secreto y te curaré”.

Ra comenzó a decir varios de sus nombres: “Creador del cielo y de la Tierra, Arquitecto de las montañas, Controlador de las crecidas…” Pero no llegaba nunca a decir su nombre secreto.

Era tan fuerte su dolor por la mordedura que terminó accediendo con una condición: que Isis y su hijo Horus  no lo revelasen a nadie.

Isis curó a Ra mediante una fórmula mágica y aplicándole un ungüento hecho con hierbas.

Y así es como la diosa Isis consiguió ser tan poderosa como el dios-Sol Ra.

Anónimo egipcio

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